Europa tiene talento. Pero es necesario cultivarlo, sobre todo teniendo en cuenta que la UE está atravesando una importante transición demográfica. Esto es aún más necesario en las regiones que padecen una disminución de la población activa y una baja proporción de personas con educación superior, así como en las regiones afectadas por el éxodo juvenil.
Si no se hace frente a esta transición, generará nuevas y crecientes disparidades territoriales a medida que las regiones envejezcan y se queden rezagadas en cuanto a la cantidad de su mano de obra y a sus capacidades. Esta transición puede modificar los paisajes demográficos de Europa, obstaculizando la resiliencia y la competitividad de la UE.